sábado, 24 de noviembre de 2012

La cena eres tú



Estaba oscuro y ella, inocente y vulnerable, no veía de él mucho más que el brillo de sus ojos, dos esferas oscuras salpicadas de luz, como si un par de estrellas, las mismas de las que hablaba, se hubieran colado en su alma y estuvieran asomadas a su mirada. 

Él había clavado sus ojos en los de ella, dos esmeraldas que brillaban furiosas en la oscuridad. Contemplaba su silueta, recortada a la luz de la luna, mientras trazaba en su mente el cuerpo de aquella chica que se estremecía en silencio con cada leve brisa, con cada hoja seca caída de un árbol, estrepitosamente, en el silencio de la noche. Habría dado la impresión de temer cualquier cosa menos al monstruo que tenía delante. Nadie le había dicho cómo era un lobo y ella, ingenua e inofensiva, admiraba su pelo y disfrutaba acariciándolo, sin entender, aún.

- Creía que íbamos a cenar, dijo ella, mirando a su alrededor, inesperadamente confundida.

Y entonces, el lobo emitió un sonido sordo, una suerte de suspiro triste disfrazado de sarcasmo que se filtró por la media sonrisa que dejaba entrever uno de sus incisivos, hambriento, dispuesto.

- La cena eres tú, dijo el monstruo, el sabor de la carne cegando su mente de forma precipitada. 

Fue rápido, sutil pero con una decisión capaz de doblegar a cualquier rey, a cualquier hombre. Y es que el lobo, incapaz de comprender, sintió cómo aquella chica cambió su mirada y le hirvieron los ojos, entreabrió los labios y se abalanzó sobre él, sin vacilar, agarrándolo por el cuello y dejándolo sin escapatoria, ni pasado ni futuro.  




viernes, 18 de mayo de 2012

En busca de la felicidad...





Me levanto temprano y me visto, pantalón de pinzas gris, camisa blanca y corbata. Tengo que ir a la biblioteca pública a imprimir unos documentos ya que no tengo impresora; en concreto, una solicitud de trabajo tipo para los empleos en educación en Inglaterra, un certificado de antecedentes penales firmado y mi curriculum. De ahí tengo que ir a un colegio del que sé, según google, que está a 57 minutos andando desde la biblioteca. Pero me veo con fuerzas. Llego a la biblioteca más tarde de lo que me gustaría, las 9:45, pero está cerrada, no abren hasta las diez. Hago cuentas: tengo el ordenador solamente durante 20 minutos, más la cola, así que voy a tener los documentos impresos a las 10:30, una hora para ir, y una para volver, más lo que tenga que esperar al profesor con el que quiero reunirme, más lo que tardemos en hablar. Si a las 12:30 hay que hacer la comida para estar en el curro a eso de las 14:15, ya voy justo. Termino de imprimir mis documentos y salgo de la biblioteca. Enciendo el "navigator" del móvil y me dispongo a tomar la ruta. "Voy a coger un taxi", la ocasión se lo merece y el tiempo apremia, cuanto antes llegue, antes voy a saber algunas cosas. Además, hoy se cumple un año de que aterricé en Birmingham por primera vez, así que si hay algún día para lucirse, es hoy. El taxista es un indio simpático, dicharachero, que me pregunta por mi país y me habla de fútbol nada más mencionar España. Sabe donde vamos desde que le he dicho que es un colegio. "Ahhhh, buscas empleo, verdad?" La ropa me delata. Hablamos de la situación laboral de España. Llegamos al destino y el taxímetro ha contado 7.20. "Dame solo 7, y que tengas suerte". Así que le doy 7.40, contando las monedas que me quedan, por la conversación y los buenos deseos. Allá vamos. Todo está en obras y cuando intento entrar por una puerta por donde salen 2 albañiles me dicen que no es por ahí, y me mandan más abajo. Después de algunas vueltas llego a la recepción de la George Dixon Secondary School. "Hola, buenos días, venía a ver a X, profesor de música". "Es una visita personal? Tome asiento, enseguida le aviso". "Gracias". Me sudan las manos y me pongo nervioso. "El señor X no está, hoy no trabaja". "Oh, pues entonces... De acuerdo, he visto en la página web que tienen ahora mismo 2 vacantes, me gustaría dejar la solicitud". "Muy bien, para el departamento de Música, verdad?" En realidad, no. "Esto... sí". Me toma los datos y me voy. Compruebo el enlace de internet y claramente pone 2 vacantes para Maestros de Primaria. "Perdone que le moleste otra vez pero, estoy buscando la George Dixon Junior and Infant School, estoy en el lugar equivocado, verdad?" Ella sonríe y asiente. Así que me indica dónde está y llego a mi destino. Allí me dicen que tengo que llamar a la agencia y dejarles todo a ellos, en lugar del colegio. "Ah, bien, muchas gracias". Y me voy. Al menos he avanzado algo, me he encontrado con una vacante para maestro de música con la que no contaba y ahora ya conozco dónde están los colegios y me han gustado. Me voy hacia una parada de autobús y compruebo. Bien, hay uno a Birmingham centro en diez minutos. En los autobuses sólo se paga en monedas y sólo el importe exacto. Y en mi cabeza resuena el Big Ben en forma de palabra: PROPINA. Compruebo mi cambio, una libra y ochenta peniques. Ufff, justo. Llevo un billete de 10 y uno de 5 pero eso no me serviría, y no quiero pagar otro taxi. Se acerca una señora con un carricoche y le doy los buenos días. "Disculpe, cuánto es el billete sencillo del autobús?". "1.90", y sonrío de oreja a oreja, me miro la mano y me río con ganas. "Ha subido desde hace unos meses", y ella también sonríe. Me faltan 10 peniques y el conductor no me va a dejar viajar, lo he visto un millón de veces. "No aceptan billetes, por supuesto" y se los enseño a la señora, que se ríe. "Quiere oír una historia graciosa?" Y dice "Por qué no?" "Es la primera vez que estoy en este barrio, he venido a la escuela primaria George Dixon" "Ah, sí, donde llevo a mi hija" dice ella, "pues ahí, y he venido en taxi, y le he dado 40 peniques de propina al taxista, y resulta que ahora me faltan 10, jajaja, ¿sabe? he estado un millón de veces en una parada de autobús y he visto a toda esa gente que te pide algo de cambio porque 'me faltan 10 peniques para el autobús' y ninguna de esas veces los he creído, ¿no es gracioso?" La señora se ríe y me dice que no lleva nada, que lo siente. "Por supuesto, ya me lo imagino, pero no se preocupe, no se los estaba pidiendo. Gracias de todos modos" Así que me despido de ella y me voy calle abajo, con la chaqueta en la mano, la corbata un poco suelta y un currículum en la mochila, sin entregar. Media hora caminando bajo el Sol hasta encontrar alguna tienda donde comprar algo para cambiar el billete y coger el siguiente autobús. No he dejado de sonreír en todo el camino y hasta de reírme, mientras que algún transeúnte me ha mirado como pensando "está loco" o "algo muy bueno le ha tenido que pasar". Así que he comprado bombones, para celebrar que hace un año llegué a esta ciudad que me está dando historias para llenar una vida. Y aquí sigo, con la misma ilusión del primer día, en busca de la felicidad. 

domingo, 15 de abril de 2012

4 Segundos


Esta entrada va dedicada especialmente a Turirai, que desde que la escribí fue su favorita y desde que la eliminé no ha dejado de pedírmela. Aquí la tienes. Os echo de menos.

http://www.youtube.com/watch?v=JuP4HMko5vM&feature=&p=35B39EB73B855535&index=0&playnext=1


Moví el brazo ligeramente y su cara se movió como si fuera una prolongación del cañón del arma. Tenía la boca abierta y la saliva había empezado a derramarse por las comisuras de sus labios.

He recordado aquel día desde entonces. Es el día que no me dejaría volver a dormir. No recordaba por qué debía hacerlo. Quizá era uno de esos trabajos que alguien se los encarga a otro alguien que, a su vez, se los encarga a otro alguien y así sucesivamente hasta que la cadena termina en un dramático eslabón.

El caso es que entré en aquella habitación y se me ocurrió pensar que la luz blanca fluorescente no era la más adecuada para la escenografía. Él estaba allí de pie, mirándome, esperándome. Miré al arma al mismo tiempo que sus ojos se posaron en ella y volví a mirarle a él, directamente a los ojos. No le conocía. Apenas un nombre. Después de apretar el gatillo poco importaría.

Nos miramos durante una eternidad, sin mediar palabra, cada uno en su lugar, víctima y verdugo. Vi en sus ojos el remordimiento y la culpa. No vi lucha ni miedo. Vi resignación y liberación. Si me lo preguntaran diría que ese chico sentía alivio de saber que todo iba a terminar. Pero no lo dijo.

¿Sabéis por qué cuando se decapita a alguien se coge su cabeza del cabello y se alza en el aire? No es por sadismo. No es para que los que presencien tal acto lo vean. Es justo lo contrario. El cerebro tarda de 5 a 7 segundos en morir cuando separas la cabeza del cuerpo, así que aún queda algo de tiempo para que esa persona vea las caras de horror de la gente, para que vea su propio cuerpo, para que sienta su absoluto dolor.

Así que levanté la mano y el cañón de la Block se introdujo en su boca. Sin parafernalia. Así que moví el brazo ligeramente y su cara se movió como si fuera una prolongación del cañón del arma. Como decía, tenía la boca abierta y la saliva había empezado a derramarse por las comisuras de sus labios. Acaricié suavemente el gatillo y él supo que iba a disparar. Me sorprendió por un momento porque su boca se tensó en lo que hubiera sido una sonrisa de tener los labios pegados. Una sonrisa que se reflejó en sus ojos que, al fruncirse, dejaron escapar un par de lágrimas. Sonreía y lloraba en el mismo momento en que yo apreté el gatillo.

El tiro fue limpio, con una trayectoria ligeramente ascendente. Le salió por la nuca seccionando su bulbo raquídeo y partiendo la parte ósea que unía su cráneo a la columna vertebral. Justo antes de que se desplomara conseguí ver en sus ojos quién era. Por un momento volvió a ser ese muchacho que recordaba, lleno de vida y optimismo, feliz y tranquilo, en paz con el mundo y consigo mismo. Si me lo preguntaran diría que ese chico era feliz por saber que todo había terminado. Pero no lo dijo.

Lo último que recuerdo son 4 segundos teñidos de rojo escarlata, el frío suelo bajo mi espalda y el espejo en la pared, a un metro de altura, salpicado de sangre.



jueves, 27 de octubre de 2011

Exilio I



El mundo cambia, pero nunca en lo esencial. Si alguna vez saliste de un sitio entiéndelo así: huiste. El error está no en salir, ni en huir. El error está en pensar que el tiempo y la distancia pueden hacer desaparecer el motivo principal, el motivo original, que te hizo tomar la decisión de marcharte. Y es que, si alguna vez te fuiste, lo único que es cuestión de tiempo es que vuelvas a encontrar ese motivo si, por alguna desgracia del destino, se te ocurre regresar. Y, créeme, lo recordarás en poco tiempo. Muy poco. Y es que el mundo cambia, quizá un poco, pero nosotros no. Somos la mierda cantante y danzante del mundo, que diría Tyler Durden. Por eso hoy, quizá menos que cualquier otro día, no tengo ganas de volver.




miércoles, 11 de mayo de 2011

Adiós, mi amor.



Una puerta se cierra.

Fueron muchas horas. Muchas contigo, muchas allí. Sobre todo allí. Porque nunca fuimos mucho de salir por ahí, verdad? Fuimos más bien modestos, jeje. Pero cuando salimos... qué gozada, te acuerdas? Juntos fuimos capaces de atrapar la atención
del mundo entero, de sentirnos reyes. Y es que, en cierto modo, nadie jamás ha logrado hacerme sentir como lo has hecho tú, de hacerme sentir lo que tú me has hecho sentir tantas veces.







Muchas horas contigo, sí. Con calor, con frío. Sudé mucho a tu lado. También lloré. Interminables horas del tic del metrónomo que se volvía loco y me volvía a mí. Me frustraste, te pegué. Me hiciste feliz. Y, créeme, eso no es fácil. Lo pasábamos bien, mejor que bien, con más ganas que destreza, con más ilusión que técnica, pero yo era feliz. Me realicé contigo. Jamás he sido tanto yo mismo como cuando he estado contigo.







Y es por eso que me despido de ti. Porque allá donde voy no puedo llevarte. Te quedas aquí. Atrás. Te dejo amontonada, guardada para que nadie pueda hacerte mal. Te dejo cuidada, con la promesa quizá no de regresar, pero sí de no olvidarte jamás, ni olvidar aquellos momentos, algunos entre los que considero más importantes de mi vida, que me diste tú.









Dejo nuestro local, el que fue más tuyo y mío que de nadie más, vacío. Pero sé que, hasta que se acabe el tiempo, seguirán sonando tus armónicos, esos que tanto me gustaban, y los ecos de nuestra música, la que hicimos solos, la que algún día acompañamos, la que me dio la felicidad.

Gracias. Gracias, gracias, gracias.

jueves, 14 de abril de 2011

Si pudiera, te diría...

http://www.youtube.com/watch?v=S6NZ1PBM6b4&feature=fvwrel

Hola, mi amor:

Ojalá pudiera decirte todas las cosas que pienso, las cosas que siento. Porque, si pudiera, te diría tantas cosas; sabrías tantas cosas que no sabes...

Te diría que no me considero una persona desgraciada, pero que estoy profundamente triste; y llevo tanto tiempo así que ya no sé si lo estoy, o es que lo soy. Te diría que nada me gustaría más que poder retroceder en el tiempo y borrar el día en que nací. Que me siento un niño indefenso al que le aterra esta oscuridad que llaman mundo; un mundo que yo no consigo entender y por el que camino moviéndome de error en error, el siguiente más grave que el anterior. Te diría que, en mi mente, jamás dejo de llorar, ni de día, ni de noche. Te diría que te quiero tanto que me encantaría volver atrás en el tiempo y no besarte jamás, para seguir haciéndote feliz con una palabra, un abrazo o una simple mirada. Volver a ese momento en el que solo sacaba lo mejor de ti, cuando éramos amigos, cuando nos queríamos de verdad, sin dañarnos; cuando solo te hacía feliz, y nunca triste. Te diría que, si existe algo en mi vida que me gusta, si hay algo que yo no borraría, eso eres tú. Te diría que llevo clavadas en el corazón todas y cada una de las lágrimas que has derramado estando a mi lado. Te diría que no quiero hacer nada de lo que tenemos planeado, ni pisar ninguno de los lugares con los que soñamos, para no ensuciar tu vida ni llenarte de recuerdos que tengas que borrar; para que algún día puedas hacer esos sueños realidad por primera vez con alguien con quien no te duela mirar atrás. Te diría que me enfado y luego, cuando recapacito, me doy cuenta de que sueño con el momento en el que me olvides, me cambies por alguien con quien tener los días que tú te mereces. Te diría que hay pocas cosas que desee tanto como desaparecer de tu vida sabiendo, como sé, que el menor de los males que puedo causarte es alejarte de mí.

Si pudiera, te diría tantas cosas... que no entenderías que, en realidad, lo que quiero que sepas, ahora y siempre, es que te quiero con todo mi corazón. Aunque no sepa hacerlo mejor.

lunes, 4 de abril de 2011

La soledad no quita el frío.



Hay un dibujo huérfano de madre que pende de mi pared. Aún no me he atrevido a quitarlo. No como algunas otras cosas, que ya no están, que se mueren de amor en el fondo del armario. Sé que está triste. Se lo noto en la tinta; porque este dibujo... está pintado. "Pero si tú no sabes llorar", le digo, y me responde que eso es porque aún no se ha puesto el Sol; me dice que, entonces, seré yo el que le enseñe a hacerlo y que, en ese mismo entonces, ni él podrá consolarme.

Y es que hay una reina que ha perdido a su rey; un rey que guardó la primera lágrima que se desprendió de su corona junto con entradas de cine que esconden secretos que podrían llevarlos a la cárcel, servilletas que hablan de amor y corazones verdes que prometen imposibles.

Te echas en la cama y tiras de la soledad un poco más, para cubrirte entero. Pero ocurre que, al tirar, se te quedan los pies fuera y el frío se te cuela por debajo. Y entonces aprendes que, hagas lo que hagas, la soledad no puede quitarte el frío.